EL TRATAMIENTO DE LA MUJER EN LA COMUNIDAD TERAPEUTICA - Trabajo ponencia “DEPENDENCIA, CIENCIA Y CONCIENCIA” XIX Conferencia Mundial de Comunidades Terapéuticas - Federación Colombiana de Comunidades Terapéuticas 15 al 20 de Febrero de 1998 - CARTAGENA DE INDIAS – COLOMBIA - (PONENTE)
La espera de un llamado de atención, sumía en la pesadumbre a la población entera, la presión de imaginarse menor por un error, por una mala expresión, precipitaba el desaliento de sentirse simplemente una mujer… reducida e impotente. La esperanza de una postura más cálida ante lo que pudiera ser un error o un logro, tan poco nombrados… se convertía en la es-peranza para seguir o al menos para respirar tranquilas.
Nuestro recorrido en la comunidad se inicia para algunas como un esperanza, como la mejor manera de recuperar a los hijos, como la posibilidad de vivir, de querer, de ser amada, como el recurso para percibir la tranquilidad de ser mirada o al menos juzgada diferente; pero adversamente a lo buscado, la confrontación antes ofrecida, ayudaba a sumirse en el autocastigo no por su intencionalidad primaria sino por el conflicto individual de los guías que el en contacto con el otro sexo, trasladan igualmente sus angustias y miedos y la mujer es allí el centro de la seducción, del problema o contrariamente la que rehuye a la convivencia por sus prevenciones.
Facilmente en este juego sexos, se conjugan el instinto y la emoción sin ser claramente vislumbrado el promotor del encuentro afectivo porque ambos seducen y desean; pero la postura femenina sería mirada siempre o generalmente como la propuesta de placer que el hombre no puede rechazar y es ella quien deberá asumir la norma por la norma ya que ante todo la ley debe ser cumplida.
Alguien me expresó en alguna oportunidad que la mujer puede llegar a mostrarse más gozosa del placer que el mismo hombre y puede ser verdad, esa misma cultura que coacciona y censura también abre la posibilidad de “actuar como se quiera” ya que ella nunca perdona y de que valdría entonces ser diferente y actuar con moralismo si la visión hacia ella, hacia mí, sería la misma: sólo ser la promotora del placer. Aunque con infortunio, el excesivo cansancio que él produce, cause hastío y repugnancia por sí y por el otro.
En nuestros espacios de Comunidad Terapéutica la mujer está y permanecerá con sus condicionamientos culturales, sus caprichos, ansiedaddes y temores individuales pero no puede emerger cuando otros incluso de su mismo sexo la ataquen o quieran formar como un borrego.
Fernando Savater en uno de sus libros expresa “Libertad es decidir pero tambén, no olvides, darte cuenta de lo que estás decidiendo” y es precisamente este elemento de responsabilidad lo que ahora cultivamos en el quehacer diario de nuestro Hogar, de nuestro Programa Mujer: asumir una posición ética frente a mi semejante y a mi sentir.
Hablar desde género es nuestra propuestra, nuestro vivir y lo que necesitamos, pero es complejo porque las percepciones al respecto fluctuan entre lo inverosimil, la incredulidad y el entusiasmo. Deseamos retornar al espacio en el que se cree y se respeta al otro, donde podemos estar juntos respetándonos las diferencias.
Concretamente en nuestro trabajo la realidad de las mujeres que llegan buscando otra perspectiva frente a la pareja y la sexualidad tienen arraigados tabúes y anhelos que han favorecido la sumisión y la agresión en relaciones afectivas insatisfactorias en su gran mayoría: donde ellas se ubican desde el efecto de la sobrevaloración, la prohibición o la devaluación.
Nuestra intervención con perspectiva de género se hace dentro de un ambiente de comprensión y calidez haciendo énfasis en lo positivo, para que la mujer se autovalore y ubique en una posición social de ser activo.
El afecto de los que interactuamos a diario en el proceso resocializador se vé reflejado en las desiciones sobre lo bueno, lo malo, lo correcto o no en relación a las preferencias de nuestras residentes; es por ello que los grupos de autoayuda ahora femeninos, se convierten en fuente enriquecedora del proceso, en la posibilidad de expresión sin prejucios tan obstaculizantes.
La mujer se mueve entre el deseo de vivir y de morir, la desesperanza y la máscara de la dureza, se mueve entre su deseo, su querer hacer y lo que debe según ella ofrecerle al otro. Algunas veces estos actos femeninos son leidos simplemente desde la manipulación o el absurdo, siendo algunas de estas conductas características de nuestra esencia y género; por eso enceguecerse ante estos eventos e intervenir presurosamente ha posibilitado la deserción de la mujer de los procesos terapéuticos o en otros casos que ella se asuma parcialmente y luego de su egreso no retorne a la Comunidad que de alguna manera se enorgullece de pensar en ella como un resultado positivo de su lucha.
El proceso actual ofrece a la mujer incluso egresada una opción de escucha. Cuando una mujer, cuando uno de nosotras decide ser expresiva y espontánea de esa misma manera requiere espacios para ser atendida y así debe responder la Comunidad Terapéutica. Nuestras residentes y egresadas manejan temores y estigmas que debemos ayudar a sanar “sentires que van desde la rivalidad misma hasta la mas profunda solidaridad por su compañera”.
La zona territorail en la que nos ubicamos, Antioquia -Colombia- tiene características culturales donde la tradición en torno al rol subyugado de la mujer empieza apenas a ser replanteado y en ocasiones no de la mejor manera, la mujer se facilita al juego del maltrato y la competencia por lo territorial y lo corporal. Por eso en las intervenciones terapéuticas buscamos romper el eslabón popular de la insolidaridad, repensando la esencia amorosa femenina.
En nuestro proceso de convivencia en el Programa Mujer, se respira calor de fraternidad y exigencia posibilitando que el grupo se conjuge de tal modo que aparezcan imágenes e identificacions familiares, especialmente con los miembros que mayores ausencias afectivas han presentado.
Como en toda famila que comparte, se presentan conflictos y crisis, pero al igual que en los espacios donde se emplea el replanteamiento, se avanza. Por eso otro de nuestros mayores compromisos habla de la necesidad de convocar a las familias de las residentes, que en gran parte de la historia son distantes o intransigentes frente a la aceptación de tener una mujer adicta en el núcleo.
A la mujer se mira con mayor eceptisismo o en otros casos con sobreprotección. Las familias actúan muchas veces movidas por la culpa o el desagrado, sin entender realmente la postura del núcleo frente a la problemática de inadaptación, el madresolterismo, el homosexualismo o las elecciones frente a la prostitución. Reconociendo que muchas de las mujeres en proceso se sienten por momentos abandonadas por su familia y han sostenido con ellas formas complejas de socialización caracterizadas por las relaciones rivalizantes, actitudes adaptativas de complacencia y sumisión incluso desde lo sexual, modelos arbitrarios de afecto y autoridad; consideramos nuestra propuesta actual de tratamiento una adecuada herramienta de intervención con mujeres.
Publicado en Revista CREA – Venezuela 1998
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